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El gingerbread no tiene por qué ser solo galleta: en formato pan/bizcocho queda mucho más jugoso gracias a la melaza, y aguanta tierno varios días. Es el formato clásico anglosajón, perfecto para estas fechas.
La melaza es lo que separa este pan de una galleta: es higroscópica (retiene agua), así que el pan se mantiene jugoso días después de hornear en vez de secarse como una galleta. Además reacciona con el bicarbonato (es ácida) generando parte del gas que hace subir la masa, y su color oscuro es lo que da el tono característico del gingerbread, no un colorante.
No batas de más una vez añadida la harina — desarrollar gluten de más es lo que reseca el pan, más que cualquier otra variable de la receta. Saca el molde en cuanto el palillo salga limpio, un par de minutos de más ya lo secan.
Sin gluten: sustituye la harina por una mezcla sin gluten 1:1 para repostería. Vegano: cambia los huevos por 2 cucharadas de compota de manzana cada uno, y la mantequilla por margarina vegetal. Con glaseado: una mezcla simple de zumo de limón y azúcar glas por encima, ya frío, le da un contraste ácido que combina muy bien con las especias.
Sí, pero el resultado cambia: la miel es más dulce y menos ácida que la melaza, así que el pan sube un poco menos (menos reacción con el bicarbonato) y el color y el sabor especiado quedan más suaves. Sigue estando bueno, solo que no es el gingerbread clásico.
Casi siempre es por exceso de horno o por batir de más la masa una vez metida la harina. Comprueba el punto con el palillo un poco antes del tiempo indicado, y mezcla lo justo para integrar los ingredientes.
Bien tapado a temperatura ambiente, 4-5 días — incluso mejora al día siguiente, cuando las especias se asientan. También se congela bien, ya cortado en rodajas.