Introduce tus credenciales de administrador

El jengibre y la cúrcuma se llevan bien en la misma taza. Juntos forman una infusión cálida, antiinflamatoria y reconfortante que mucha gente toma para arrancar el día o para calmar molestias leves.
El jengibre aporta un efecto digestivo y calmante; la cúrcuma es conocida por su acción antiinflamatoria; la pimienta negra mejora su absorción. La miel suaviza el sabor y la garganta.
Usa cúrcuma fresca rallada si la tienes: el sabor es más limpio que el polvo. No hiervas la miel; añádela al final para preservar sus propiedades. ⚠️ Nota: es un remedio popular, no un tratamiento médico. Consulta a un profesional si tomas medicación o tienes una condición específica.
Sin cafeína y más cremoso: sustituye la mitad del agua por leche vegetal. Más antioxidante: añade una rodaja de naranja. Frío: déjalo enfriar y sírvelo con hielo y limón. Sin miel: endulza con un dátil troceado que hierva con el jengibre.
La piperina de la pimienta negra mejora la absorción de la curcumina, el compuesto activo de la cúrcuma, que por sí sola se absorbe mal.
Sí, la cúrcuma tiñe de amarillo tazas, paños y encimeras. Limpia enseguida con agua y jabón.
Tanto el jengibre como la cúrcuma pueden interactuar con anticoagulantes y algunos fármacos. Si tomas medicación, consúltalo antes con tu médico o farmacéutico.
Con la fresca el sabor es más limpio y terroso; en polvo basta una cucharadita. Ambas funcionan.