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Un wok rápido que huele a Asia desde que echas el jengibre al aceite caliente. Pollo tierno marinado con jengibre y sésamo, verduras con mordida y una salsa que quieres mojar con pan. Listo en 25 minutos.
Cocinar el jengibre en aceite caliente al inicio del salteado libera sus aceites esenciales (zingerona, shogaoles) que son solubles en grasa — una técnica que maximiza el sabor y la biodisponibilidad de sus compuestos activos mucho más que añadirlo crudo al final. El aceite de sésamo, por su punto de humo relativamente bajo, se añade en la marinada y no para cocinar, preservando sus lignanos antioxidantes (sesamol, sesamolina). El brócoli aporta sulforafano, un compuesto anticancírígeno que se activa con el corte y no debe sobrecocinarse.
Marina el pollo mínimo 30 minutos (mejor toda la noche) para que el jengibre ablande las fibras y el sabor penetre hasta el centro. El wok a fuego muy alto es clave para no perder jugos.
Versión vegana: sustituye el pollo por tofu extra-firme prensado y cortado en dados. Versión con gambas: cambia el pollo por gambas grandes (tiempo de cocción: 2-3 minutos). Con coco: añade 50 ml de leche de coco al final junto con la soja para una versión más cremosa. Versión picante: añade 1-2 guindillas secas o 1 cucharadita de café de pasta de chili al sofrito.
Puedes, pero el resultado es bastante diferente. Usa 1 cucharadita de café de polvo y tendrás menos frescura aromática. Para esta receta se recomienda siempre jengibre fresco.
Arroz basmati o de jazmín es la combinación clásica. También va muy bien con fideos de arroz o simplemente con más verduras salteadas.
Perfectamente. Usa tofu firme cortado en dados, escúrrelo bien y saltéalo primero hasta que esté dorado antes de añadir las verduras.