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Una crema de calabaza suave y reconfortante con un toque de jengibre fresco que le da calidez sin dominar. Ideal para otoño, se hace en una olla y se congela bien.
El jengibre rehogado al principio suaviza su picante y perfuma toda la crema; la calabaza aporta dulzor y cuerpo, de modo que apenas necesitas nata. Es una receta sencilla, de una sola olla, que funciona bien como cena ligera.
Si la calabaza es muy acuosa, cuece con menos caldo y ajusta al final. La crema se congela hasta 3 meses; añade la leche de coco al recalentar para que no se corte.
Vegana: usa leche de coco y caldo de verduras. Más cremosa: añade una patata a la cocción. Con curry: una cucharadita de curri junto con el jengibre. Más picante: más jengibre o una pizca de guindilla. Con proteína: acompáñala de garbanzos tostados o queso feta.
Unos 3 cm de raíz para cuatro raciones da un toque cálido sin picar. Si no estás seguro, empieza con 2 cm y prueba.
Sí, hasta 3 meses. Descongela en la nevera y recalienta a fuego suave, removiendo.
La calabaza de pulpa naranja y firme, como la cacahuete o la de Castilla, da una crema más sabrosa que las muy acuosas.
Sí, aproximadamente un cuarto de cucharadita; añade con el caldo. El sabor será menos fresco.