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Trozos de jengibre cocidos en almíbar y rebozados en azúcar: dulces, picantes y masticables. Se hacen con tres ingredientes, duran semanas y sirven para picar, para repostería o para tomar con té.
El jengibre cocido en almíbar pierde parte del picante y gana una textura masticable. El azúcar actúa como conservante porque reduce el agua disponible, por eso este dulce dura semanas. Sigue siendo azúcar: es un capricho, no un remedio.
Usa jengibre joven, de piel fina: tiene menos fibra y queda más tierno. Seca bien los trozos antes de guardarlos o se pegarán. El almíbar sobrante se conserva en la nevera en un bote cerrado varias semanas.
Más suave: repite la primera cocción en agua una vez más. Más intenso: omite la cocción previa y baja el azúcar del rebozado. Con limón: añade una tira de piel de limón al almíbar. Bañado en chocolate: una vez seco, moja la mitad de cada trozo en chocolate negro derretido. Con el almíbar: úsalo para endulzar infusiones, yogur o marinadas.
En un bote hermético, en un lugar seco y fresco, unas semanas e incluso un par de meses. Si aparece humedad, pegajosidad excesiva o moho, tíralo. El almíbar se guarda en la nevera.
Para suavizar el picante y ablandar las fibras. Si lo omites, el resultado es más picante y más fibroso.
El azúcar es lo que conserva el jengibre y le da la textura. Con menos, queda más húmedo y dura menos; guárdalo en la nevera y consúmelo pronto.
Algunas personas lo toman para las náuseas por el jengibre, pero lleva mucho azúcar. Es un dulce, no un tratamiento. Consulta a tu médico si las náuseas son persistentes.
Para picar, picado en galletas y bizcochos, con té o en yogur. El almíbar sirve para infusiones y marinadas.